🏖️ Tómate un descanso

Por primera vez en mucho tiempo, me atreví a dejar la computadora en casa cuando me fui de vacaciones. Claro, hoy en día los celulares pueden hacer casi de todo, así que eran mi plan de respaldo. Me desconecté de las redes sociales del trabajo, y me conecté con el tiempo junto a mi familia. Viajamos un poco: en avión, en autobús y en ferry. Cuando vemos las fotos juntos, los recuerdos que más atesoramos son esos momentos en los que jugamos, nos reímos y disfrutamos el camino, más que el destino en sí. A mis hijos no les importaba si estábamos dentro de La Sagrada Familia; ya estaban listos para correr al parque de la esquina y jugar al monstruo de las cosquillas.
La mayoría de las veces que tomo vacaciones regreso a Uruguay. Paso todo el año deseando estar allí con mi familia. Esta vez, la boda de mi prima nos llevó a otros rincones del mundo que nunca imaginé volver a visitar o conocer, especialmente ahora que soy mamá de dos niños, uno de 4 y otro de 6. Viajar puede ser costoso.
Hay algo en desconectarse de la rutina diaria que permite que surjan nuevas conexiones. Pude ver a mis hijos descubrir lugares nuevos, tratar de decidir qué idioma hablar y dibujar un mapa del mundo que, de pronto, se hizo más grande. De repente, apareció un punto en Mallorca, en la casa de la tía Verónica, y otro en Florencia, donde viven el tío Scott y los primos.
También surgieron nuevas conexiones dentro de mí. Recordé que tenemos el poder de redefinir la manera en que queremos relacionarnos con nuestro trabajo. Tenemos el poder de decidir cuándo ya hemos tenido suficiente de las redes sociales por ese día. Tomarnos un descanso no debería ser un lujo; es esencial para poder crear, construir y soñar.
Por supuesto, sé que eso no siempre es posible. He trabajado desde que tengo memoria y crecí con la idea de que solo trabajando duro lograrás aquello que deseas (en algunos casos, cambiar el mundo; en otros, simplemente sobrevivir en él). Cuando era una joven reportera en Phoenix, solía encontrarme con un señor mayor en la cafetería Fair Trade Café cada vez que regresaba de una cobertura, lista para escribir. Siempre me decía:
—Tómate un descanso, tómate un descanso.
Y yo le respondía:
—Eso es justamente lo que estoy haciendo ahora; estoy trabajando para poder tomarme un descanso.

Me encantaría decir que, después de estas vacaciones, logré cambiar esa forma de pensar. Pero apenas regresé y toqué la computadora, todo aquello que había dejado pendiente me cayó encima de golpe. Y me considero afortunada, porque tengo la oportunidad de dedicarme todos los días a algo que realmente amo. Sin embargo, en cuanto abrí las redes sociales, sentí el corazón pesado.
Entonces, ¿cuál es la enseñanza? Entender que tomarse un descanso es mucho más que irse de vacaciones o escapar del trabajo. Es una oportunidad para reconectarnos con nuestro propósito, con las personas que nos mantienen con los pies en la tierra y con nosotros mismos. Es una oportunidad para reírnos de las viejas formas en las que hemos hecho las cosas y, sobre todo, para recordar por qué trabajamos tan duro desde el principio. Y eso lo cambia todo.
—Valeria Fernández, Fundadora y directora ejecutiva de Altavoz Lab
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