🧮 La suma de muchas intenciones (y billeteras) construyó una beca visual

Todo comenzó con un sueño: “¿Y si creamos una beca comunitaria para fotoperiodistas documentales como Nick?”

Compartí ese sueño con un par de conspiradores. También era una idea que nos daba algo que hacer con nuestro duelo. El fotoperiodista galardonado Nick Oza falleció tras un accidente ocurrido mientras se dirigía a cubrir una asignación en septiembre de 2021 en Arizona.

Cuando alguien es tan imparable, creativo y generoso con su oficio como lo era Nick, no solo lo extrañas; también lamentas que otras personas no hayan tenido la oportunidad de conocerlo. La idea de una beca no era solo una forma de celebrar a nuestro amigo y colega. Era una manera de asegurarnos de que quienes no conocieron a Nick pudieran sentir el impacto de su presencia, su sabiduría y su manera de habitar el mundo.

Empezamos desde cero.

No teníamos financiamiento, pero sí contábamos con la experiencia y la infraestructura de Altavoz Lab. Queríamos que la beca estuviera alineada con nuestra visión de apoyar a periodistas para que puedan prosperar localmente y construir carreras sostenibles sin tener que abandonar sus comunidades. Queríamos enfocarnos en Arizona y Nuevo México. Sabíamos que una beca como esta sería una oportunidad poco común para un fotoperiodista, especialmente para alguien que cuenta las historias de sus propias comunidades. Y que el financiamiento de la beca surgiera directamente desde las bases, mediante una campaña de crowdfunding, también era algo único.

El patrocinador fiscal de Altavoz Lab, Alternative Newsweekly Foundation, nos conectó con la plataforma FundRazr. Julie Jehly, una maravillosa asesora, nos ayudó a construirla. Tuvimos la fortuna de comenzar con $5,000 en fondos de contrapartida, lo que significaba que por cada dólar que la gente donaba, se agregaban otro dólar hasta llegar a $5,000 adicionales. Las investigaciones sobre filantropía sugieren que las donaciones equivalentes son la herramienta de recaudación de fondos más efectiva, y ese apoyo inicial nos dio un impulso real.

Usamos mi cumpleaños en abril como chispa inicial. Sabía que muchas campañas que comienzan desde cero se apoyan en las personas más cercanas a la causa: familia, amistades y amistades de amistades. Eso significó recaudar fondos todos los días sin descanso, con muchísimos mensajes personales por WhatsApp, varias personas sumándose como recaudadores comunitarios, muchas cartas e incluso un evento de micrófono abierto para recaudar fondos, que se convirtió en una celebración del periodismo comunitario y del legado de Nick en una cervecería local en Sunnyslope, Arizona.

Logramos recaudar más de $15.000 para crear nuestra primera beca inaugural, que recientemente fue otorgada a Gabriela Campos, una verdadera y reconocida fotoperiodista comunitaria que trabaja en la redacción de The Santa Fe New Mexican.

Hace poco volví a revisar cuál fue la cantidad más frecuente que la gente donó.

No fueron $1.000, ni $500, ni siquiera $100.

En realidad, fueron $20. Seguidos por $50.

La suma de tantas intenciones nos ayuda a construir algo mucho más grande.

Este año volvemos a hacerlo. Lanzamos una nueva campaña de crowdfunding a finales de abril y ya hemos recaudado más de $1.000. Esta vez, nuestra meta es ir más allá de las personas cercanas a nosotros y a Nick, para llegar a otras que creen en el poder del fotoperiodismo al servicio de la comunidad. Creemos que hay algo realmente especial en una beca creada gracias a tantas personas, y estamos emocionados de ver cómo el proyecto de Gabriela cobra vida.

Todavía nos queda un largo camino por recorrer. Este año establecimos una meta más alta: $50.000. Además del estipendio de $15,000 que recibe nuestra becaria o becario, ofrecemos hasta $5.000 en fondos para participación comunitaria, destinados a ayudar a compartir el proyecto con la comunidad. Nuestra recaudación también financia a una persona mentora, una asesora de participación de audiencias, así como toda la infraestructura necesaria para coordinar y administrar un programa de un año.

A todas las personas que apoyan esta campaña: GRACIAS.

Ahora tenemos una tarea más: ayúdenos a llegar a otras personas fuera de nuestro círculo cercano. Construyamos juntas y juntos para que más fotoperiodistas puedan desarrollar carreras duraderas en sus propias comunidades.

Recuerden hasta dónde pueden llegar $20 dólares.

—Valeria Fernández, Fundadora y directora ejecutiva de Altavoz Lab  

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Author

Founder and Executive Director – Altavoz Lab

Valeria Fernández is an immigrant from Uruguay and the founder and executive director of Altavoz Lab, which she founded in 2022. She is also a journalist, filmmaker, and producer. She started her career at a small Spanish-language newspaper in Phoenix, Arizona, and quickly learned how to write for immigrant communities — rather than just about them. She transitioned to writing for English-language media, including The Guardian, Pacific Standard, Latino USA, and PRX’s The World. Valeria won the American Mosaic Journalism Prize for her reporting on marginalized communities.

As a former professor at Arizona State University’s Walter Cronkite School of Journalism and Mass Communication, Valeria helped develop the next generation of Latino and immigrant journalists. During her time as managing editor of palabra, a publication created by the National Association of Hispanic Journalists, she advocated for fair pay and protections for freelance journalists serving disinvested communities. She led several award-winning projects and helped shape the careers of hundreds of independent journalists.

Now, as executive director of Altavoz Lab, she continues to advocate for local reporters — whom she sees as trusted messengers and vital to democracy.

 

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